Miembro de la Respetable Logia Fraternidad Oringiana, nº141 del Gran Oriente Nacional de España (G.·.O.·.N.·.E.·.) en la década de 1880.
Pedro de Miguel García aparece en el cuadro lógico de dicha logia correspondiente al año 1880 con el grado de Aprendiz Masón (1º) y empleando el nombre simbólico de Galileo.
Durante la llamada Revolución Gloriosa de septiembre de 1868, concretamente el 29 de septiembre, la ciudad de Jaén se sumará al pronunciamiento y una Junta tripartita (con los demócrata-republicanos Juan Antonio González Viegas, Pedro de Miguel García y José Calatayud), asumirá el poder.
En octubre de 1868 es elegido como alcalde de Jaén José Calatayud, siendo Pedro de Miguel nombrado Teniente de Alcalde y capitán de la Segunda Compañía de los Voluntarios de la Libertad de Jaén.
En enero de 1869 aparece como Vicepresidente (Presidente de uno de los seis subcomités) del Comité Republicano Federal de Jaén, contando con 34 años de edad, lo cual nos da su fecha de nacimiento en el año 1835.
El masón Pedro de Miguel García ejerció en su vida profana el oficio de procurador, siendo el primer colegiado del Colegio Oficial de Procuradores de Jaén, pues juró su cargo el 20 de agosto del mismo año de su creación, 1871, reinando en España Amadeo I.
En 1872 se celebran elecciones municipales y Pedro de Miguel aparece como uno de los veintiún concejales en la nueva corporación del alcalde Rafael Fernando Cano, llegando a ocupar la Tenencia de Alcaldía.
De Miguel fue amigo y compañero de correrías políticas del poeta iliturgitano Manuel María Montero Moya, quien llegó a dedicarle su «Romance Histórico» en 1914, del cual extraemos aquí algunos versos relativos al sabotaje de la línea telegráfica de Granada (al que ya hicimos referencia en la entrada dedicada a Manuel Mariano Ruiz Raichs):
«Hicimos nuestra rebusca
hallando, ¡suerte benigna!
una piedra muy pesada,
casi de forma cilíndrica,
que amarrada fuertemente
al estremo de una lía,
la tiramos por el aire,
con dirección tan precisa,
que cayó pesadamente
sobre el cable de una línea;
y con el peso y la cuerda
se armó allí tal enredija
que no lo corta ni el filo
de una espada damasquina;
y tirando los tres juntos
con nuestras fuerzas unidas,
rompimos dos aisladores
y el cable se vino encima».
Nótese la inequívoca simbología masónica empleada en varias partes de este fragmento, lo cual nos hace sospechar al menos de las simpatías de Montero Moya por los ideales francmasónicos, hipótesis fortalecida además por las numerosas muestras de admiración hacia este poeta por parte de Miguel Morayta Serrano, masón e hijo de Miguel Morayta Sagrario (fundador del Grande Oriente Español y Gran Comendador del Supremo Consejo del Grado 33, amén de un renombrado político de su época).
IMAGEN: Jaén. Plaza de Santa María, frente a la Catedral. En primer plano, casa-palacio de don Rodrigo Messia y sus futuros descendientes Condes de Garciez y duque de Montemar en el siglo XIX.
En el solar que dejó el derrumbre de dicha casa-palacio se edificaría años más tarde el Ayuntamiento de Jaén y donde aún permanece.
Al fondo, las Casas del Cabildo, donde en la actualidad se erige el Obispado de Jaén.