A pesar de que esta sección corresponde a MASONES ILUSTRES, nos encontramos en esta ocasión ante todo lo contrario. No obstante, nos ha parecido oportuno citar a este masón, ya que es el claro ejemplo de que el mero hecho de ser masón o masona no otorga la condición de buena persona si en el interior de la misma no existen buenos propósitos ni nobles intenciones, constatándose con los hechos narrados a continuación que cualquiera es susceptible de involucionar cuando no se trabaja sobre firmes ideales.
Miembro de la Respetable Logia Fraternidad Oringiana, nº141 del Gran Oriente Nacional de España (G.·.O.·.N.·.E.·.) en la década de 1880.
José Casas Retamero aparece en el cuadro lógico de dicha logia correspondiente al año 1880 oficiando de Orador Adjunto, con el grado de Maestro Masón (3º) y empleando el nombre simbólico de O´Donnel (posiblemente en honor a Leopoldo O’Donnell y Jorís, que ostentó entre muchos otros títulos el de Presidente del Consejo de Ministros de España nada menos que 4 veces entre los años 1856 y 1866).
A nivel personal, fue platero de profesión en la ciudad de Jaén, pero las cosas no debieron ir bien puesto que en 1891 se abre un pleito ordinario entre su esposa Socorro de la Rubia Ruiz y él, sobre divorcio y separación de su matrimonio. Al parecer, Socorro alegó la vida licenciosa de José, su embriaguez e indiferencia. José había sido despedido de los talleres de platería donde ejercía su oficio por su viciosa conducta. Esto le llevó a marcharse a Madrid en compañía de su esposa; allí, al no encontrar trabajo, le propuso a su mujer que buscara «medios ilícitos» de mantenerse (ejerciendo la prostitución). Al negarse en rotundo, el marido regresó a Jaén, «dejando abandonada a su esposa, al ver que no podía explotarla infamemente». De vuelta a Jaén la esposa, con la idea de no juntarse con José, este le insistió que «se echara al fango, aceptando esa enorme responsabilidad moral, con tal de que le proporcionase con qué mantenerse y sostener sus vicios». E resumen, la actitud desembocó en continuos malos tratos. Además, en este caso tampoco habían tenido hijos, «cuyo cariño pudiera apartarle de la peligrosa senda que hacía años había emprendido».